Los vecinos de este pequeño pueblo de la sierra costera se quedaron atónitos cuando vieron llegar varios coches de la policía judicial al mando del juez de la Audiencia Nacional y detuvieron al alcalde y a sus hijos, todos ellos ediles del ayuntamiento. Hasta entonces, nadie en el pueblo sabía de la existencia de un ayuntamiento.
- Nos dijeron que era por un asunto de corrupción en el consistorio -comenta Juan, dueño del bar de la plaza- ¿pero qué consistorio? Paco siempre nos ha dicho que lo de los ayuntamientos era solo en las grandes ciudades, que en Minglalanueva no hacía falta ningún ayuntamiento, que para eso nos llevábamos todos tan bien.
El Paco al que se refiere es D. Francisco Gipiesta, alcalde de Minglalanueva desde 1970 y quien, según datos de la Junta Electoral Central, ha venido ganando la alcaldía con el cien por ciento de los votos en todas las elecciones municipales habidas hasta la fecha. El proceso de votación está siendo actualmente investigado.
- Nunca nos ha dicho Paco que él fuera el alcalde y sus hijos los concejales, pero ahora que ustedes dicen queha sido nuestro alcalde, tengo que añadir que siempre se ha portado bien con el pueblo. Fue él quien hace unos años se preocupó para que viniera una empresa al pueblo y solicitó dinero a todos los vecinos para forzar la llegada de la Quiconsa. Nos costó casi mil euros a cada vecino, pero Quiconsa vino al pueblo y desde entonces se puede decir que Minglalanueva ha resucitado.

- Paco es una excelente persona -nos comenta Felipa, esposa de Juan- Solo le diré que el día que la inmobiliaria se quedó a cargo de limpiar los montes que hay tras el río, sin pagarles, solo por dejarles constuir algunas casas con su dinero, Paco nos invitó a todo el pueblo a un bocadillo de chorizo y a un vaso de vino español. Le diré algo más, fue Paco quien nos puso un barrendero y un guardia en el pueblo, que antes no teníamos.
El propio guardia está incrédulo "No sabía que trabajara para el ayuntamiento. A mí me contrató D. Francisco y yo trabajaba para él, para vigilar lo suyo".
Mientras era conducido al furgón policial, D. Francisco, dirigiéndose a la multitud que se agolpaba y le vitoreaba, les dijo "No os preocupeis, yo tampoco sabía que tuviéramos un ayuntamiento. Todo se aclarará"