Cuando me enteré del Ansari X me puse inmediatamente manos a la obra para ganar el premio. Nada menos que diez millones de dólares por poner un hombre en órbita.
El dinero nos iba a venir muy bien para financiar otros proyectos más interesantes, como el sol nocturno o, mejor aún, el closet-factory slip, una especie de calzoncillo que recicla y envasa en bricks fermentables los residuos humanos mientras se trabaja o duerme. Un cálculo, gross estimate, que he realizado concluye que este closet-factory slip aumentaría la productividad humana en un quince por ciento, al eliminar la necesidad de ir al servicio, y eso sin mencionar la extinción del hambre en el mundo al reciclar biológicamente los residuos para un consumo constante, añadiéndoles únicamente pastillas de distintos sabores, para hacer más agradable y
Primero os voy a presentar a mi ayudante. Es una bestia humana, aunque pequeño y calvo, que abandonó los estudios a los diez años para pastorear ovejas. Salus, aunque primitivo, cuenta con un sexto sentido para la ciencia. Tengo que reconocer que ni un ejército de físicos y químicos ganadores del Nobel me habrían ayudado tanto en mis laboriosas investigaciones. Eso sí, es muy bruto y de mal genio, por lo que me he visto obligado a despedirlo varias veces, pero debido a mi natural bondadoso, otras tantas veces le he pedido que vuelva conmigo. Reconozco que nunca pude encontrar a otro que trabajara tanto y, además gratis, como Salus. Ciertamente ya no es lo que era, hay que reconocerlo. Perdió el ojo derecho cuando se le ocurrió mirar directamente el centro del potente rayo láser que creé en mis investigaciones sobre la potencialidad de la aragonita como arma destructiva. Está calvo, no por alopecia natural, ya que mantiene algunos matorrales de pelo dispersos en la cabeza, sino por el efecto de la pequeña lluvia ácida que le cayó al manipular el ácido prúsico para conservación intraestelar de alimentos. La semana pasada perdió el testículo izquierdo por mordisco de un ratón asqueroso que Salus mantenía oculto en su bolsillo y que quería usar como cobaya en nuestro primer lanzamiento al espacio.
— Salus, nosotros no utilizaremos ni ratones ni balalaikas, como hicieron los rusos o americanos en sus intentos. Esa actitud, que premia la nula atención a lo que se hace por vez primera, es de cobardes y científicos de poca fe. Yo mismo -le dije- subiré a la cápsula en cuanto la tengamos lista. Ten en cuenta, Salus, que si tuviéramos que hacer pruebas, no nos quedaría casi nada del premio para terminar el closet-factory slip.
Con estas enaltecedoras palabras, le hice comprender al inepto, mientras lo conducía al veterinario del pueblo, la filosofía práctica que tenía que prevalecer en nuestras investigaciones. Cuando llegamos, la herida del ratón
había dejado de sangrar, merced quizás a la aplicación del pañuelo mojado con saliva de vaca que se aplicó tal como le recomendé.
La verdad sea dicha, ya estamos bastante adelantados en nuestra carrera espacial. La cápsula está basada en el habitáculo modificado de un seiscientos y el primero de los tanques de propulsión lo hemos construido con una hormigonera que había abandonada en la carretera. La hormigonera, alzada hacia arriba, ha sido reforzada con paredes y suelo de cemento armado para permitir que toda la fuerza explosiva se concentre y lance con furia atronadora la cápsula hacia arriba, hacia el espacio.

El problema actual es hallar la fórmula perfecta para el combustible. Salus ha estado trabajando en ello, y más de una vez me ha despertado de mi siesta con fuertes explosiones provenientes del garaje. Ayer mismo, estando yo medio dormido después de comer, oí un estruendo enorme, como si hubiera llegado el fin del mundo. Los cristales de la ventana se habían roto, así que me asomé al prado y pude ver a Salus corriendo, con el trasero de los pantalones sacando un humo amarillo violento, huyendo de unas llamas que intentaban darle alcance. Ese día, según me enteré después, todas las vacas y ovejas del valle y, según algunos también las personas, defecaron al mismo momento de oír el gran estruendo producido por Salus.
— ¡Salus! ¿Qué has hecho para producir ese ruido de los mil demonios?
— Jefe, ¿ha visto la perfección de la explosión? Lo conseguí mezclando éter con el combustible basado en tolueno. -Salus me miró y vio que estaba enfadado, así que bajó la voz y se me acercó excitado para explicarme los detalles.
— ¿Pero no comprendes, bruto, que con esos ruidos tendremos algún día a la Guardia Civil indagando?
Por una parte estaba enfadado, pero por otra comprendía que Salus había dado con la combinación perfecta para el combustible. Intenté olvidar el asunto y me puse a revisar la cabina.
— ¡Salus!! ¿Que hace esta silla de plástico en la cabina? Te tengo dicho que no me monto en una silla de plástico. Sube inmediatamente y me bajas el sofá pequeño de piel para la cabina.
— Pero, Jefe. Es una cuestión de mejorar el ratio combustible/peso en el lanzamiento, tal como leí en los escritos de Von Braun.
— Que no, Salus. Que no. Que yo no vuelo en una silla de plástico. Baja inmediatamente el sofá del salón y colócalo en el seiscientos.
Algunas veces tengo la impresión de que Salus, en su simpleza, no entiende las ventajas de una buena vida, aunque sea en el espacio.
Esta mañana casi tenemos un desastre. Estábamos probando varias proporciones de éter con tolueno cuando llegó la hora de irme a tomar unas tapas. Dejé a Salus con las pruebas y, por lo que me ha contado, parece que hizo varios ensayos volcando éter a la garrafa de tolueno, pero dejando el bidón de éter, el muy bruto, abierto. Pronto empezó a ver cabras a su alrededor que saltaban y corrían por el laboratorio, tal como en sus mejores tiempos de pastor. Una de las cabras, mejor dicho un chivo, venía lanzado y dispuesto a embestirle, por lo que Salus, con la llave inglesa, empezó a darle golpes para pararlo. El chivo era yo que bajaba de tomar mis tapas, pero el zopenco de Salus, alucinado por el éter no me entendía, así que tuve que darle un fuerte golpe en la cabeza con el tubo del reactor para evitar que me matara. Ha tardado casi dos horas en volver en sí.
La semana próxima haremos el lanzamiento definitivo, aunque me sospecho que Salus tendrá que trabajar duro si queremos estar listos.