Gravedad vs inercia - de los anales (con perdón) de la ciencia

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Ya tengo todo el papeleo para el premio Ansari X cumplimentado. Sólo nos faltaba la firma de la Secretaría de Investigación y Desarrollo de la Comunidad, donde diera fe de nuestros adelantos, y con esta finalidad han venido esta mañana, el subsecretario y un catedrático de la Universidad.

Le he dicho a Salus que, mientras dure la visita, se esconda en el pesebre. No es que me avergüence de mis colaboradores, pero es que lo conozco bien y sé que tendríamos problemas si lo dejo suelto con los expertos.

— ¡Al pesebre, Salus! y no salgas ni aunque se queme la casa. Nos jugamos mucho en esta visita y no quiero que la estropees.

Salus, en una foto tomada hace unos años

Salus, aunque bruto, tiene cierta inteligencia y aceptó ocultarse, pero no sin antes dejarme claro, con sus gritos y aspavientos, que eso era una injusticia. Yo soy de natural tolerante con los subordinados, pero no es bueno dejar que se suban a las narices, así que le dije secamente:

— El proyecto es mío, Salus, MÏO. Tú sólo eres un burro de carga que hace lo que le mando. Sin mí, estarías todavía cuidando ovejas y, en cambio, fíjate hasta dónde has llegado: rodeado del saber y del conocimiento de toda la humanidad, y con el orgullo de trabajar para un sabio. Participas en todos mis proyectos y, algún día, el alcalde de tu pueblo colocará una placa en la humilde choza donde naciste que diga "Aquí nació Salustiano Barredo - sirviente y ayudante del ilustre científico D. Bubi Quijano Dasilva y Azevedo, creador de innumerables inventos, verdugo de la hambruna y otros males, galardonado con todos los premios científicos universales - La Humanidad, Eternamente Agradecida - también el pueblo a Salustiano"

Creo que se quedó contento con mi corta charla. Con un pequeño retraso, llegaron los expertos. Después de unos vinos y algunos regalos que les hice, empecé a explicarles mi proyecto.

— Aquí, señores, pueden observar, tras estas fuertes paredes de hormigón armado, el tanque fabricado expresamente para propulsar la cabina al espacio. Ha sido realizado para soportar una explosión controlada de 2500 millones de gigajulios.

Callé por un momento para que entendieran la importancia de mis palabras y, al poco, el catedrático me preguntó por unos cables que salían de la cabina en forma de tentáculos hacia el fondo del tanque.

— Forman parte de un sofisticado sistema de autocontrol de la ignición. -le respondí, mientras les llevaba a la otra parte del laboratorio, para que no pensaran en lo que acababa de decir.

— ¡Mentira!

Era Salus que nos había estado escuchando, y que acababa de salir del pesebre.

— ¡Salus! Quítate inmediatamente ese braguero.

Como es normal, Salus lleva siempre, a efectos de la investigación, el closet-factory slip que estamos desarrollando, pero como todavía no está perfeccionado, emite unos olores algo pestilentes, por no hablar de la apariencia tan ridícula que su enorme tamaño da a un calvo de cincuenta años, como es Salus, llevando braguero. Yo ya le he dicho varias veces que cuando haya visitas no podemos mezclar elementos de distintas investigaciones, porque al final, el visitante ya no sabe si el braguero es un sistema de contención aeroespacial, o si, simplemente, estamos locos.

— Esos alambres forman parten del sistema de medición de la temperatura del combustible.

— También, también. Tienen una cualidad dúo-finalista. -añadí yo para calmar un poco la discusión. Intenté llevarme al secretario aparte, para que no se mezclara con Salus. Desgraciadamente, no pude hacer lo mismo con el catedrático, y cuando me volví, noté que mantenía una acalorada discusión con Salus.

— Sólo es la gravedad lo que hay que vencer -decía en voz alta Salus

— Hay que luchar contra la gravedad y la inercia, dos conceptos totalmente distintos, como sabe cualquier científico. -replicaba el catedrático.

— La inercia está "strínseca" en el objeto y viaja con él. Es una aliada del cohete en su lucha contra la gravedad. -contraargumentaba Salus.

La verdad es que Salus a veces me deja perplejo de tanto que sabe. Yo he leído a Newton y a Einstein y por eso sé que los objetos no se caen por su propio peso, sino por la gravedad, la gravedad de sus partículas, me imagino, pero me sentía incapaz de dictar sentencia en esta discusión.

— A mí no me dices lo de la inercia allá fuera -gritó Salus.

— ¿Que no? ¡Gravedad igual a inercia, gravedad igual a inercia! -le contestó el catedrático mientras salía al corral.

No me enteré muy bien como ocurrió, pero el caso es que el catedrático se quitó la chaqueta y la corbata y esperó a Salus en posición de boxeador desafiante. Éste salió del garaje y sin pararse a mirar, fue corriendo contra el catedrático y le embistió con su dura cabeza, golpeándole en la nariz. El catedrático salió despedido tres metros atrás, con tan mala suerte, que cayó sobre la piara de cerdos que teníamos para algunos experimentos.

He despedido fulminantemente a Salus. Lo que ha hecho es intolerable y no puede tener perdón. Me ha enemistado con el poder. Adiós a las subvenciones. Conmigo y las subvenciones no se juega, Salus va a volver a cuidar cabras.


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