 Migrar es intrínseco a la humanidad Siempre ha habido migraciones. Si las personas no hubieran emigrado desde el amanecer de los tiempos, todos los humanos viviríamos todavía en África, donde nacieron nuestros ancestros. Afortunadamente, al menos para nosotros los humanos y no tanto para otras especies, nuestros antepasados salieron de África y se extendieron por todo el mundo. En esa época no había fronteras ni pasaportes: llegaban a un lugar y si les gustaba se quedaban, si no, recogían sus trastos y se dirigían a otro sitio.
Esa forma de vida fue bonita mientras duró. Más tarde, llegaron los estados e imperios con otro tipo de migraciones: esclavos arrancados de sus lugares y trasladados forzosamente a otros sitios o también nuevos asentamientos y colonias conquistados a la fuerza y donde los vencedores traían a sus compatriotas para aprovechar los recursos. Pero seguía coexistiendo la emigración voluntaria, sin cortapisas, solo requería la voluntad de una persona o grupo, normalmente familiar, para
abandonar las penurias del lugar que la diosa fortuna le había proporcionado al nacimiento, en búsqueda de otro sitio mejor, con más posibilidades.
La decisión de emigrar voluntariamente nunca ha sido fácil: se cambia la vida anterior, con sus buenos y malos recuerdos, con sus penas y glorias, pero siempre con cariño, por una ilusión, una nueva vida incógnita, llena de incertidumbres pero también de esperanza.
 Marcando un esclavo en las antiguas colonias
La industrialización trajo las migraciones interiores, del campo a la ciudad y con ello el progreso de las naciones. Como estas migraciones tenían lugar dentro de las fronteras de un mismo país eran, en general, consentidas, sino apoyadas, por los gobiernos. Este tipo de migración se debió a la necesidad de trasladar los excedentes de mano de obra en el campo a la ciudad, donde la incipiente industria demandaba más mano de obra.
Otros países, faltos de mano de obra, también solicitaban obreros de países más pobres, como en América o en países de centro Europa durante los años cincuenta y sesenta.
En los últimos años se ha visto una migración de países del tercer mundo a los del primero mundo. Son emigrantes con lenguas y culturas muy distintas.
Y es ahora cuando los países del primer mundo se oponen a esa inmigración. Las razones que se dan son varias: prostitución de nuestra cultura, aumento de inseguridad ciudadana, del paro, del gasto social, etc.  migrando del campo a la ciudad Se buscan excusas echando las pelotas fuera: la culpa es de los tratantes de humanos, la inmigración bajaría los sueldos de los trabajadores, solo pueden entrar por cuotas, etc.
Simplemente, nos tapamos los ojos ante un grave problema. No se puede negar un trabajo por cuestiones de raza, religión, sexo y otras mandangas, pero llamamos ilegales a quienes el único pecado que llevan es haber tenido la desgracia de nacer unos kilómetros más abajo o más a la derecha. ¿Es que acaso la discriminación solo se puede prohibir en reductos estancos, como países, pero deja de aplicarse al saltar la frontera?
 patera con emigrantes actuales No. Nos dejamos engañar porque queremos, porque aceptamos esa discriminación a conciencia. Sabemos que la inmigración nos traerá problemas, nos bajará nuestro querido bienestar y, por tanto, miramos a otro sitio.
Pero no es ético.
Los países del primer mundo son los que más se han aprovechado de esa emigración que ha habido a lo largo de la historia, a cualquier coste, y siempre que les ha convenido, y ahora, cierran, o cerramos la llave a quienes solo buscan sobrevivir. y llenar sus vidas de esperanza. Como nuestros padres, abuelos y todos nuestros antepasados. Porque la historia de la humanidad es la historia de las migraciones.
No más monsergas, digamos claramente "SOMOS EGOISTAS, pero por favor, déjenme en paz, que quiero dormir tranquilo".
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