Contratos matrimoniales

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Hasta épocas recientes, el matrimonio era poco más que una cláusula en un acuerdo. Así la labor principal de las princesas era casarse con alguien de una casa real con la que interesara crear o mantener buenas relaciones. Diplomacia entre sábanas. Para la mayoría de ciudadanos, y hasta que se inventaron las fusiones de empresas, el matrimonio era la forma más eficiente de aumentar la riqueza y el poder. Cuando, más tarde, el amor fue la razón principal para unirse dos personas, aparecieron otros problemas. El roce constante en el matrimonio puede crear situaciones que sacan de quicio incluso a los genios. Algo así le ocurrió a Einstein cuando pidió a su esposa que firmara un acuerdo por el que la degradaba al puesto de criada de la casa, o que Darwin considerara la compañía de una mujer en el matrimonio como "algo mejor que la de un perro"

Einstein - la relatividad del matrimonio

Mileva Maric, primera esposa de Einstein

Albert Einstein conoció y se enamoró de su primera esposa, Mileva Maric, cuando ambos estudiaban juntos en la Politécnica de Zurich. Mileva era cuatro años mayor que él y la única mujer estudiante de la escuela. Antes de casarse tuvieron una hija, Lieserl, de la que no se sabe nada, especulándose que pudo haber muerto o sido dada en adopción. Tras la boda con Milena, Albert Einstein tuvo dos hijos más, uno de ellos, Eduard, que padecía esquizofrenia, tuvo muy poco contacto con su padre y murió a la edad de 55 años en un psiquiátrico de Zurich.

Aunque Mileva colaboró con Einstein en la formación de sus primeras publicaciones y papeles técnicos, en 1914 Einstein, para continuar su carrera profesional, se mudó a Berlín mientras que su esposa permaneció en Suiza al cuidado de sus hijos. En Berlín Einstein entabló relaciones con una prima suya, Elsa, compañera de juegos en la infancia. Cuando Mileva intentó mudarse a Berlín con sus hijos para convivir nuevamente como pareja, el hechizo de su amor juvenil había desaparecido.  Einstein vio en su esposa Mileva no a una amante, ni siquiera a la madre de sus hijos, sino a una criada. Con mente fría, intentó dejar bien claro cuales serías las condiciones de su vida conjunta y, para eso, escribió las condiciones bajo las cuales Mileva podría volver al lecho conyugal. El papel con estas cláusulas, que ha sobrevivido hasta nuestros días, solicitaba el acuerdo y firma de su esposa a las siguientes condiciones:

  • A) Te asegurarás:
    • que la ropa y mi colada se mantienen en buenas condiciones.
    • que recibo regularmente mis tres comidas diarias en mi habitación.
    • que mi dormitorio y estudio se mantienen limpios, y especialmente que mi bufete se utiliza solo para mi uso.
  • B) Renunciarás a cualquier relación personal comnmigo mientras no sea completamente necesario por razones sociales. No pedirás especialmente:
    • que me siente contigo en casa
    • que salga contigo o te acompañe en tus viajes
  • C) Tendrás que atenerte a las siguientes condiciones en mi relación contigo:
    • No esperes ningún tipo de intimidad conmigo, ni me lo reproches.
    • Pararás de hablarme si así te lo pido
    • Dejarás mi habitación o estudio inmediatamente si así te lo solicito
  • D) No dirás ni harás nada que me humille delante de los niños.

Mileva no llegó a firmar estas condiciones  que fueron, al parecer, consideradas excesivas, y volvió  al poco tiempo sola con sus hijos a Suiza. Unos meses después llegaron a un acuerdo de divorcio por el cual Einstein no pagaría ninguna mensualidad pero se comprometía a entregarle el importe del premio Nobel en cuanto lo recibiera, algo que, como él esperaba, ocurrió dos años después.

 

Charles Darwin, sopesando la adaptación al ambiente familiar

Charles Darwin estuvo felizmente casado con su prima Emma Wedgewood desde su boda a la edad de treinta años y hasta su muerte a los 73 años. Para la boda, Darwin ya padecía síntomas de cansancio y enfermedades causadas por el exceso de trabajo y su viaje alrededor del mundo en el Beagle, pero su esposa siempre estuvo a su lado cuidando de él. Antes del matrimonio, Darwin escribió en un papel los pros y contras de casarse, listando en una  columna las ventajas de la vida conyugal y en otra las desventajas. 

Entre las ventajas Darwin valoró la compañía constante y la amistad del cónyuge en la vejez "siempre mejor que la de un perro, en cualquier sentido". También mecionó  positivamente y como bueno para la salud aunque le restara tiempo, los hijos fruto del matrimonio o el tener un hogar y alguien que cuidara de él. Entre las desventajas Darwin incluía la pérdida de libertad para ir donde quisiera, la posible falta de conversaciones con gente inteligente en el club o disponer de menos dinero para comprar libros.

Al final, Darwin consideró que las ventajas pesaban más que los inconvenientes y optó por formar una familia con su prima Emma, algo de lo que nunca se arrepintió.

Algunos acuerdos en los tiempos actuales

 Los acuerdos matrimoniales no son solo cosa del pasado, ni de culturas exóticas y lejanas. En los Estados Unidos, con libertad para fijar las condiciones de cualquier acuerdo y donde existe un abogado en cada rincón, se pueden encontrar algunas condiciones matrimoniales ciertamente extrañas. En 2008, el Herald Tribune listaba algunas de esas cláusulas:

  • Limitar la libertad del cónyuge para ver el fútbol a un solo partido a la semana.
  • Un cónyuge puede, a su voluntad, optar por no ir a casa de sus suegros.
  • Fijar una multa o pago de $100.000 al otro cónyuge cada vez que le sea infiel.
  • Limitar el peso del cónyuge a un máximo de 65 kgrs. bajo pago o multa de 100.000 dólares en caso de incumplimiento.


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