 La crianza de recién nacidos, especialmente entre tribus primitivas, se siente como una gran carga Nos entristece ver en los documentales de naturaleza salvaje cómo un león, tras conseguir el poder de una manada, mata a todos los cachorros. Esa es una conducta bastante habitual, no solo entre leones, también se ha documentado en distintos pájaros, peces y otros mamíferos. A veces quien decide terminar con la vida de los recién nacidos es el macho recién llegado, pero no es extraño que quien mate a los hijos sea la propia madre.
Estos comportamientos los sentimos en la distancia de otras especies, muy alejadas de la humana. Al menos así era hasta que Sarah Hrdy documentó la matanza de niños chimpancés por parte de sus madres. Tuvo que luchar mucho para que la comunidad científica aceptara tal hecho. Normalmente nadie quiere aceptar que una madre mate a sus propios hijos, pero al final ha quedado demostrado que no son hechos aislados ni el producto de locura, siquiera transitoria, de la madre bien por vivir en cautiverio, en zoos, o por alguna otra razón lógica. La Profesora Hrdy no solo concluye de sus observaciones que la madre asesina está sana mentalmente, sino que su conducta sigue una adaptación evolutiva sin la cual las especies pudieran no haber sobrevivido a períodos de desastres ambientales o sociales perjudiciales. En otras palabras, matará a sus propios hijos si el coste de mantenerlos con vida les llevará a la muerte tanto a ella como a sus hijos. Pero no nos desgarremos las vestiduras. Todavía no. La humanidad ha mantenido, y sigue manteniendo en algunas culturas, el infanticidio como una forma aceptada para evitar perjudicar a la madre, al padre, o a la sociedad.
Se estima, en base a estudios arqueológicos de cadáveres, que hasta la introducción de la agricultura, la humanidad mataba entre el 20 y el 50 por ciento de los niños nacidos para poder mantener la subsistencia del resto, al no tener seguridad de poder compartir los recursos con más población. Esos porcentajes son del Dr. Joseph Birdsell. Otros, como la antropóloga Laila Williamson rebaja las muertes a un rango entre el 15 y el 20 por ciento. Con las posibilidades más amplias de alimentación que trajo la agricultura estos porcentajes disminuyeron significativamente, aunque nunca desaparecieron.
De las grandes civilizaciones antiguas, solo en Egipto estaba mal visto el infanticidio. Lo conocemos por varias fuentes, entre ellas Estrabón quien se extraña, y considera una peculiaridad de los egipcios, que todo niño tuviera que ser criado, sin que se permitiera su muerte o abandono. Para los griegos y romanos era habitual deshacerse de los niños o niñas no deseados. En general, era una potestad de los padres, excepto en Esparta donde un grupo de ancianos tomaba la decisión. En algunas culturas el infanticidio se hacía en forma de ofrenda a los dioses,como entre los fenicios, cartagineses y culturas precolombinas, aunque el abandono del niño a las afueras de la ciudad o en el bosque eran la forma más común de infanticidio, ya que no se consideraba técnicamente asesinato y se dejaba a la fortuna, o a la voluntad de algún transeúnte, que vivieran o murieran. Esa costumbre fue también la más extendida entre los pueblos de Europa antes de los romanos y durante el imperio romano. Solo en el año 374, con la llegada del cristianismo, que recogía la nueva cultura judía de no matar a los niños, se llega a prohibir la muerte o abandono de niños. Sin embargo, tuvo escasa aceptación, ya que son numerosas los relatos que quedan de casos de infanticidio posterior. En el Tercer Concilio de Toledo, ya en el 589, se vuelve a prohibir esas costumbres. Se documenta también en el siglo XII la costumbre de las mujeres romanas de tirar a los recién nacidos l río Tiber. Estas costumbres continuaron por siglos, aunque a partir del XIX y excepto por casos aislados, ya se consideran extintas. Costumbres similares se han mantenido en otros lugares, como en la India, Rusia, China, África, etc. principalmente en caso de niñas.
 Infanticidio en el Ganges En la actualidad, por ser tema tabú, se han documentado pocos casos. Se acepta en algunas tribus africanas para niños gemelos o con algún tipo de deformación. También se documentó en 2008 el caso de dos tribus en Nueva Guinea, los Agibus y los Amosas, que estando desde 1986 en guerra continua, sus mujeres decidieron dejar vivir solo a las niñas, matando a los niños recién nacidos, en la esperanza de que así pondrían fin a la guerra. Esa conducta la llevaban practicando los diez últimos años.
Hay actualmente un cierto temor entre algunos profesionales de que muchas de las muertes de niños, como algunas de las muertes súbitas en países desarrollados, o el mayor porcentaje de niñas que de niños muertos en China y otros países, pudieran ocultar algún tipo de infanticidio.
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