Tengo que empezar por confesar que soy fumador empedernido. Dos o más paquetes diarios.

Es mi intención, que hago pública, el dejar de fumar en breve. Reconozco que la campaña del gobierno para desmotivar el consumo de tabaco me ha influido. Cada vez son menos las posibilidades de fumar con tranquilidad.

Sin embargo, es la adicción al tabaco la que me ha impulsado a enfrentarme contra él. El tabaco no proporciona nada bueno, no da placer alguno, ni calma el nerviosismo ni ayuda a encontrarte bien.

Es la falta de tabaco, como cualquier otra adicción, la que ocasiona el desagrado y el nerviosismo. Que nadie se engañe, el tabaco no proporciona nada positivo, su carencia, en cambio, sí que nos causa malestar.

Aun conociendo lo anterior, sé lo difícil que es abandonar esta adicción. Los que no fuman quizás no lo entiendan. Solo un adicto a cualquier sustancia entenderá la desagradable sensación que se tiene cuando se priva de la sustancia deseada, en este caso del tabaco.
La sociedad, por la publicidad directa o indirecta a lo largo de muchos años, nos metió en su consumo. Que la misma sea compasiva con quienes todavía sufren esta adicción y proporcione los medios para superarla.
Hasta que todos, voluntariamente, dejemos de fumar, conscientes de que nada bueno obtenemos en ello.